sábado, 10 de abril de 2021

Capítulo siete

CAPÍTULO SIETE. 

 

DE LA CARTA DE RITA A SUS PADRES CON FECHA 7 DE FEBRERO DE 1973.

Querido papi, querida mami: Quisiera poder decirles que estoy bien, pero no es verdad, no tengo ni siguiera con quien quejarme de mi suerte, así que tienen que perdonarme que los atormente con mis lamentos. ¡Cuánto necesito que estén conmigo! Camilo sigue ciego y sordo. Yo le he jurado por mis hijos, como se los juro a ustedes, que no le he sido infiel, pero él no quiere saber de razón alguna. Sé que ustedes, sobretodo, tú, mami, me van a criticar, pero Camilo es el único hombre que yo he querido y no estoy dispuesta a perderlo así como así. Cada vez que lo veo, me pongo a llorar y a rogarle que vuelva para su hogar. El dice que si sigo con la misma majadería, va a tener que dejar de venir a la casa; yo sé que mi comportamiento afecta a los niños, pero es que también por ellos es que lo hago. Camilo Ernesto comprende más la situación y con lo cariñoso que era, se ha vuelto agresivo y se me está orinando de nuevo en la cama. Alberto Raúl, que por su edad fuera de pensar que no se percata de lo que ocurre, se ha vuelto inapetente, la seño del Círculo me dice que lo nota triste, y hasta se ha puesto flaquito, pero a Camilo no le importa nada de esto. Para él primero está el prestigio, el puñetero carné de militante y la mala intención de sabrá quién que inventó esta calumnia para destruir mi felicidad (...) Tienen que venir. Los necesito mucho. Yo sola no puedo con un trabajo, una casa y dos niños. Estoy desesperada nada más de pensar que uno de ellos se me enferme y lo tenga que ingresar en el hospital. Quizás si ustedes hablaran con Camilo, él se decidiría a volver conmigo (...) Yo no tengo hermanos ni nadie más en este mundo que ustedes. Tía Coca y tío Andrés viven en La Habana, y con los parientes de aquí no puedo contar (...)

 

 

NOTA SIN FECHA DE RITA A CAMILO ALBERTO, PRESUMIBLEMENTE DE MARZO O ABRIL DE 1973.

Camilo: Voy a tener que dar órdenes en el Círculo Infantil para que no te entreguen más a los niños. Si los quieres seguir recogiendo algunos días, tienes que traerlos para la casa y jugar aquí con ellos, pero no puedes alterarle sus horarios de vida. Mira ayer a qué hora te viniste a aparecer con los niños, y no quieres ni que yo te diga nada ni te hable. Después te vas y los dejas alterados y llorando, y soy yo quien se tiene que quedar con el problema. Si tanto los quieres, ya sabes lo que tendrías que hacer, pero me doy cuenta de que tú lo que no tienes son pantalones para enfrentarte a las malas lenguas que sólo han querido hacerte daño, pero ya te pesara, pues yo no estoy dispuesta a seguir soportando esta situación. Quédate con tu prestigio, tu militancia y tu honor, pero no vengas a afectar a mis hijos más de lo que has hecho ya. Cuando quieras verlos, ven a la casa. Rita.

 

 

 

DE LA CARTA DE RITA A SUS PADRES CON FECHA 6 DE JUNIO DE 1973.

Queridos papi y mami: Acabo de recibir la carta de ustedes del 20 de mayo. Por lo rápido que me llegó y el sello cubano que trae el sobre, sé que la mandaron con alguien que venía para acá. Pensé que me traía buenas noticias, pero ya veo que le siguen dando largas al asunto. Perdónenme que se los diga, pero me han defraudado mucho, pues para ustedes también es más importante el trabajo y las responsabilidades con la Revolución que las obligaciones que debían tener para conmigo. Yo sigo sola y pasando la de Caín. Tía Coca está viniendo todos los meses, pero sólo se puede pasar conmigo una semana o a lo sumo diez días. Verdad es que me ayuda mucho y me sirve de consuelo, pero no puede estar aquí todo el tiempo y dejar su casa y a tío Andrés (...) Está bien que papi no pueda dejar de momento los negocios de su trabajo, pero por qué mami no puede venir antes (...) Tía Coca me sugirió que le propusiera a ustedes mudarnos para La Habana, pues así ella me podría ayudar más. Necesito saber qué creen ustedes de eso. Pienso que cuando regresen, por lo menos a papi le propongan trabajo en el Ministerio, y ya tendrían casa en la capital. Si mami vienes antes, puede ocuparse de la permuta y escoger la casa o el apartamento que más le guste (...) Yo no quisiera alejarme de Camilo, sé que él me quiere y mantengo la esperanza de que todo se va a arreglar, pero también pienso que quizás viviendo en La Habana, a él le sea menos difícil volver conmigo (...)

 

 

DE LA CARTA DE RITA A SU COMPAÑERA DE ESTUDIOS, JULIETA LORENS, CON FECHA 20 DE JUNIO DE 1973.

Querida Fefé: Ya veo que no te olvidas de mí. Recibí tu telegrama por mi cumpleaños y te juro que fue lo único agradable de ese día. Papi y mami me llamaron muy temprano, según ellos para felicitarme, pero en realidad creo que fue para decirme que no vaya a permutar la casa para La Habana como te conté que les había propuesto (...) Decididamente, mami no viene hasta que papi no termine el tiempo establecido en su misión en Francia, así que seguiré sola todo un año más. Podrás imaginarte cómo me cayó esta noticia, terminé la llamada llorando y casi que les colgué el teléfono. Mami lo único que sabe decir es que lo que han hecho y lo que van a hacer, es por mí y por los niños, cuando lo que yo necesito es que ellos estén aquí conmigo (...) Ese día también me sirvió para acabar de entender de una vez y por todas de que Camilo no va a volver conmigo. Yo estaba muy ilusionada, pues en los últimos meses ya no discutíamos y nos relacionábamos normalmente; él estaba viniendo dos o tres veces a la semana a llevar a los hijos al Círculo. Verdad es que no entraba a la casa y evitaba que lo vieran hablando conmigo, y yo de estúpida pensando que era para no dar pie a comentarios, se lo aceptaba para no violentar la situación. El día de mi cumpleaños vino temprano y contrario a lo que siempre había hecho, se bajó del jeep y entró para darle a los muchachos los regalos que les había comprado para mí, me felicitó, me dio un beso en la cara y dijo que volvería de nuevo por la tarde. De más está decirte que preparé una comidita de lo más rica para invitarlo a comer, me vestí bonito y me unté de un perfume que él me había regalado un Día de los Enamorados. Cuando llegó, me puse de lo más zalamera, pero todo terminó, como es él de tajante, en una conversación que me hizo sentir tan humillada y ridícula que estuve llorando hasta la medianoche, pero remedio santo, tú sabes cómo yo soy, y te juro que es la última vez que lloro por Camilo Alberto Ramos (...)

 

 

DE LA CARTA DE LIZ BALIÑO A RITA CON FECHA 27 DE JULIO DE 1973.

Queridita mía: ¡No tienes ni idea lo presente que te tengo en mi pensamiento las veinticuatro horas del día! ¡Cuánto quisiera estar contigo!, pero, mi amorcito, tienes que comprender que por ahora no es posible. No, yo sé que no puedes entender mi imposibilidad de correr a tu lado como yo también lo deseara, pero tengo la fe ciega de que todo saldrá como tu padre y yo lo hemos planeado, y entonces, cuando estemos juntos de nuevo, nos perdonarás y sabrás de la tensión conque hemos vivido todo este tiempo. Cumpliendo esta tarea de la Revolución, es como único podremos realizar todo lo que hemos soñado para el futuro, y lo hacemos por ti y por los niños. Tanto a nosotros como a ti nos quedan etapas duras que vencer, pero tienes que ser fuerte, poner de tu parte y resistir hasta el final. Ahora tienes que estar sola, pero ya a partir de la primavera del próximo año, cuando podamos viajar, en cualquier momento estaremos juntos de nuevo, y entonces hablaremos y sabrás de todo lo que hemos sufrido. Pero no te escribo para atormentarte más de lo que puedas estar; sólo te digo, confía en tu padre y en mí y ten presente que todo lo que te llegue de nosotros, será por tu bien. Nunca lo rechaces. ¿Recuerdas tu anillito de los quince? No sé cómo esta vez vino entre mis cosas, pero me ha servido de mucho consuelo tenerlo conmigo. Le hablo como si te hablara a ti y estoy segura de que con él, en cualquier momento te llegara mi voz (...) Camilo, como ya te comenté, nos escribió una carta recién ocurrido ese desagradable incidente en tu matrimonio para explicarnos todas sus razones y puntos de vista y asegurarnos que él se ocupará de ti y de los niños como siempre para que no les falte nada. Nosotros le contestamos muy "diplomáticamente" diciéndole que lamentábamos mucho lo ocurrido, que no teníamos nada en su contra, pues entendíamos las razones que lo habían obligado a actuar así, y le pedíamos que analizara bien la situación para que lo que en definitiva determinara, fuera lo mejor para todos. Ahora nos volvió a escribir con las mismas explicaciones, los mismos razonamientos, las mismas justificaciones y las mismas promesas. Yo no sé cómo ustedes los psicólogos le llamaran a eso, pero en el mundo de la diplomacia y de los negocios se les dice "chanceler vacillant". Tal vez , tú todavía no estés en condiciones de entender esto que te voy a decir, pero, mi amorcito, espero que alguna vez lo comprendas. Ni tu padre ni yo hubiéramos querido que ustedes se hubieran separado, pero ya que el destino lo quiso así, nos alegramos. Camilo es un perdedor. Los hombres, como dijo Marti, se dividen en dos bandos: los que luchan y los que nacen derrotados[1], y, mi vidita, tu exmarido   es uno de estos últimos. Tu padre y yo tenemos muchos planes para el futuro, para ti y para los niños, y nos parece que Camilo no encaja en ellos, y que sólo nos iba a servir de estorbo. Así que como dicen los franceses, "souicer comme de l'an quarante". El autor de esta novela...¡Ay!, ¿cómo es que se llama?...Bueno, no importa. Lo que te iba a comentar es que no pudo hacer mejor selección de su personaje protagónico para un  melodrama con un  titulo tan  sugerente  como  Brizna al viento,  así que  si  lo  ves, felicítalo de mi parte, porque Camilo no es más que un "paysan volatile" que cada quien sacude a su gusto (...) Aquí hemos tenido unos días de mucho trabajo organizando la fiesta de la embajada por el 26 de Julio, y sólo quiero comentarte que este año tenemos un verano muy bello. Cuando me paro delante de la ventana, por el día veo las flores del boulevar Saint‑Germain y por las noches, sus miles de luces. Desde donde estoy sentada, se distingue por encima de otros muchos edifi­cios, la punta de la Torre Eiffel (...) La recepción fue en la Maison de L'Amérique Latine, cerca de casa. Por Cuba habló nuestro Juan Marinello que se encuentra en París como delega­do permanente en la UNESCO. Vinieron embajadores y funciona­rios de todas las misiones diplomáticas de los países hermanos del campo socialista, de Perú y de Chile, represen­tantes de movimientos de liberación de diferentes partes del mundo, artistas, periodistas y escritores amigos de Cuba, en fin... Fue un verdadero acto de solidaridad con nuestro país (...) ¡Qué contarte de vestidos y perfumes! (...) A mí se me saltaron las lágrimas cuando cantábamos el Himno Nacional (...) En la próxima te voy a mandar algunas fotos para que veas lo elegante que me vestí (...) Enardecido nuestro ánimo revolucionario con el acto de ayer, termino esta carta como debe haber terminado su discurso en el acto del 26 de Julio nuestro Comandante en Jefe en la Plaza de la Revolución. "Patria o muerte. Venceremos" (de eso puedes estar segura, hijita: ¡venceremos!) (...)

 

 

TEXTO DEL CABLE SIN FIRMA RECIBIDO POR RITA DESDE SANTIAGO DE CHILE EL 2 DE ENERO DE 1974 Y QUE DEVOLVIO AL CORREO POR CREER QUE SE TRATABA DE UN ERROR.

Todo bien. Feliz Año Nuevo. Espera noticias nuestras.

 

 

NOTA SIN FECHA DE LA SECRETARIA DEL DIRECTOR DEL PUESTO DE MANDO DE LA GANADERIA DEL REGIONAL SAGUA PARA CAMILO.

Llamaron de la Dirección Provincial de Salud Pública para decirte de parte de Rita que tienes que recoger a los niños en el Círculo y hacerte cargo de ellos, pues fueron unos compañeros de Seguridad del Estado y le pidieron que los acompañara, que le aclararon que no se la llevaban detenida, que sólo necesitaban hablar con ella y hacerle algunas preguntas, pero que Rita se fue muy asustada.

 

 DEL INFORME DEL CASO RIERA ELABORADO POR EL DEPARTAMENTO DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO CUBANO DE LA EMBAJADA DE CUBA EN FRANCIA.

Con respecto a los acontecimientos del robo de cuarenta mil dólares propiedad del Estado Cubano y de la traición de los ciudadanos doctor Enrique Riera Matienzo, representante comercial del Ministerio de Salud Pública de Cuba en Europa del Este, y Elizabeth Baliño Cascorro, Jefa de Servicio de la Embajada Cubana en Francia, los mismos sucedieron como a continuación se detalla. En la conformación del plan que se trazaban, alrededor del mes de octubre de 1971, después de regresar de sus vacaciones en Cuba, los traidores establecieron los primeros contactos con (...) de la Embajada de (...) en Francia y agente al servicio de la CIA, quien al ser puesto en conocimiento de lo que pretendían Riera y su esposa, les sugirió esperar por un acontecimiento que en cualquier momento sucedería en el ámbito latinoamericano y que facilitaría el llevar a efecto sus propósitos. Al producirse en septiembre de 1972 el golpe de estado en Chile, se consideró que este país, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, era donde menos éxito tendría una solicitud de extradición hecha por el Gobierno Cubano, por lo que (...) gestiona el caso con el (...) de la nueva misión diplomática de la Embajada Chilena en Francia. El posible traslado a un banco chileno del dinero del que se apropiarían Riera y su esposa y la solicitud de asilo político de estos, fueron consultados al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, el que inicialmente rechazó la propuesta por considerar la dictadura pinochetista inconveniente  un posible litigio con el Gobierno Revolucionario Cubano en ese momento. Posiblemente la posición de Cuba con respecto a los exiliados chilenos, determinó un cambio de actitud oficial para los presuntos desertores cubanos, y en diciembre de 1972, el (...) de la Embajada Chilena, le comunicó al agente de la CIA mediador en el caso, (...), la disposición del Gobierno Chileno de ofrecerle asilo político en el momento que el matrimonio disidente lo solicitaran. Anteriormente, Enrique Riera había venido intentando poder manejar unipersonalmente la cuenta bancaria que poseía con los fondos para sus transacciones comerciales, ya que como una medida de control, esta sólo podía ser operada por la firma del Agregado Comercial de la Embajada Cubana en Francia conjuntamente con la de él. Estimulado por el ofrecimiento de asilo político en Chile y conoce­dor de las próximas vacaciones de fin de año del Agregado Comercial de la Embajada Cubana, compañero (...), demora los trámites de una muy ventajosa compra de módulos quirúrgicos, y el 16 de diciembre, el mismo día que (...) sale de viajes con su esposa para Grecia, lo llama a su casa para plantearle que debe permanecer en París para los trámites bancarios de la operación. Ante tal inconveniente para sus planes, (...), en una actitud facilista y acomodaticia, contraria al espíritu de lucha de sacrificio de nuestro pueblo, acepta como válida la idea de otorgarle a Elizabeth Baliño, en su condi­ción de trabajadora de la Embajada de Cuba y personal de toda confianza, un poder para que lo represente en el banco durante sus vacaciones. Camino al aeropuerto, (...) acompaña a Enrique Riera y a su esposa y firma el documento que unos días después le permitirá a este matrimonio pagar a la Compañía (...) que le vendía los módulos quirúrgicos y, en la misma operación de pago, para no levantar sospechas, extraer cuarenta mil dólares que depositan en una cuenta personal en el Banco (...) con transferencia para la casa matriz en Santiago del Banco Nacional de Chile. El 30 de diciembre, en la fiesta por fin de año en la Embajada Cubana, anuncian que pasaran parte de sus pospuesta vacaciones de Navidad en Normandía, y al día siguiente toman el tren París‑Caen en la  estación de Montparnasse con boletos para Cabourg, pero se bajan en la primera parada de este en Nantes La Jolie, toman un taxi que los regresa a París, y de ahí se dirigen al aeropuerto de Orly donde toman un avión de la Air France con destino a Chile.

 

 

TEXTO DE LA TARJETA CON FECHA 20 DE ENERO DE 1974 QUE NINA SOLÍS LE ENVIARA A RITA A TRAVES DE UN MIEMBRO DE LA IGLESIA PRESBITERIANA DE SANTA CLARA.

Querida hija: Dios quiera que al recibo de esta te encuentres bien. Sé que estás viviendo unos momentos muy difíciles, pero toda la familia ora por ti y por tus hijos y le ruega al Señor que nos ofrezca la posibilidad de ayudarlos. Estas letras mías, que también suscriben mi esposo y mi hijo Gustavo, no deben extrañarte, pues siempre hemos estado pendiente de ustedes y, aunque no lo creas, he visto fotos tuyas y de mis nietos, y si antes no te había escrito, era porque temíamos que ello te pudiera ocasionar dificultades. Tienes que considerarnos parte de tu familia, y si hasta ahora no tenías noticias nuestras y de otros seres queridos que también evitan comunicarse contigo para no crearte problemas, debes saber que todos estamos bien, pensando en ti y en los niños y rezando, rezando mucho.

 

INFORME DEL DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD DEL ESTADO DE LAS VILLAS CON RESPECTO A LA SALIDA ILEGAL DEL PAIS DE RITA RIERA BALINO CON SUS MENORES HIJOS DE CAMILO ALBERTO RAMOS SOLÍS.

Aproximadamente a las 23:00 horas del día 3 de abril de 1974, después de atravesar el Trópico de Cáncer por el meridiano ochenta, entró a aguas territoriales cubanas una lancha de cinco metros con motor fuera de borda procedente de los Estados Unidos, de donde había salido a las 18:00 horas de ese propio día de la Miamarina, en la Bayside, cerca del puerto de Miami, conducida por los ciudadanos de origen cubano y residentes en esa ciudad, Gustavo Ramos Solís y Ciro Miranda Carballo, conocido por Delfín, quien en negocios ilícitos con mister Louis Patterson, Jefe del Servicio de Guardafronteras del Estado de la Florida y miembro de la CIA, se dedica a sacar ilegalmente de Cuba a personas desafectas con la Revolución. Estos sujetos, evitando el encuentro con lanchas Guardafronteras cubanas sortearon por entre los Cayos Dromedarios, al norte de la provincia de Las Villas, hasta llegar a Cayo Vaca, el que circunavegaron por el sur hasta el Canal Ubero para desembarcar, ya en la isla de Cuba, cerca de la playa de igual nombre. Después de esconder la embarcación entre los mangles, Miranda Carballo permanece oculto cerca del lugar, mientras que Ramos Solís, simulando ser un pescador aficionado que había estado pescando la noches anterior, va hasta el caserío de la playa a tomar la primera guagua que a las 06:15 horas sale con destino a Sagua la Grande. Ya en esa ciudad, se dirige a la calle Carmen Rivalta entre Lam y Rodrigo Prats y penetra por la entrada del fondo de la casa del connotado desafecto de la Revolución, doctor Claudio Manuel Pulido Castillo, lugar donde deja los avíos de pesca y se cambia de ropa. Unos minutos más tarde abandona esta vivienda por su entrada principal por la calle Solís número 179. Camina hasta la terminal de ómnibus y se embarca con destino a Santa Clara en el carro de las 09:35 horas. Llega a la capital de la provincia a las 11:10 horas, compra el periódico Granma y una revista URSS en el estanquillo de la calle Amparo y baja por esta hasta Independencia para tomar una guagua local de la ruta dos que lo lleva hasta el barrio de La Vigía. Se baja en una parada antes del antiguo Cuartel de Caballitos y camina por la calle 5ta. hasta J y por esta, hasta salir a la Doble Vía, caminando en el mismo sentido del tránsito de la senda derecha de la avenida, cruza por delante del chalet de Rita Riera Baliño, y sin detenerse, continúa hasta la siguiente esquina. Le da la vuelta a la manzana y cuando pasa por segunda vez frente a esta casa, abre la verja del jardín, sube los escalones que lo conducen al portal y toca el timbre de la entrada. Cuando Rita le abre, para lograr que esta le franquee la puerta, le dice que viene de La Habana de parte de sus tíos Coca y  Andrés[2]. Ya dentro de la casa, Gustavo Ramos Solís se identifica y le entrega a Rita el anillo de sus quince y una nota de puño y letra de Liz Baliño en la que aparece escrito el siguiente texto: "Una vez te dije que tu anillo me serviría para hablarte. Oye ahora mi voz". Puestos de acuerdo, y después de darle todas las instrucciones necesarias, Ramos Solís abandona la casa y, evitando siempre las calles más concurridas, se dirige al domicilio de Lino Ramón Moya Corcho, conocido por Tato, sita en Barcelona número 13 entre Paseo de la Paz y Alemán (a un costado frente a la Quinta de Dieguito) y allí permanece toda la tarde hasta cerca de las 17:00 horas que sale en compañía de Moya Corcho en el carro de este, un Odsmovile azul del año cincuenta y dos, para recoger a la hora prevista a Rita Riera Baliño con sus dos menores hijos en la parada de la guagua de Carretera Central y 9na., en La Vigía. Efectuada la recogida, buscan la intercepción de la Circunvalación y toman por ella hasta la Carretera de Maleza. Salen del perímetro urbano de Santa Clara a las 17:40 horas. A las 18:25 horas se detienen en el poblado de Encrucijada y comen en el restaurante Moscú gracias a los contactos que allí tiene Moya Corcho con el capitán de dicho centro gastronómico, Raimundo Sánchez de Juan, conocido por El Nene. Continúan viaje hasta Calabazar y de allí, por la carretera de Viana, hasta encontrar el entronque con el camino a la Playa Piñón. Pasadas las 20:00 horas se detienen un kilómetro antes del caserío de esta y esperan unos instantes para que Miranda Carbalo salga de la maleza y se les una. Le pagan a Moya Corcho lo acordado y, ocultos por la vegetación, Rita Riera Baliños, Ramos Solís y Miranda Carballo, cargando cada uno de los hombres uno de los niños dormidos por un somníferos, emprenden la marcha rumbo al lugar donde permanece escondida la lancha. A las 21:15 horas abordan la embarcación y ponen proa a los Cayos del Pajonal, sitio donde sin desembarcar, y en espera de que pasara la patrullera, permanecieron escondidos hasta la hora 03:00 del día ya 4 de abril que salieron con rumbo norte‑noroeste hacia la península de la Florida. Cerca de la hora 07:00, y al sur de Key Largo, fueron divisados por un guardacostas norteamericano que los patrulló hasta los muelles de la dársena de Miami de donde habían salido.

 

DE LA CARTA DE CAMILO ALBERTO RAMOS SOLÍS AL MINISTRO DE JUSTICIA DE CUBA CON FECHA 15 DE ABRIL DE 1974.

Estimado compañero: El que suscribe, Camilo Alberto Ramos Solís, Médico Veterinario (...), militante del Partido Comunista de Cuba y residente (...), acude a usted por haber sido víctima de uno de los más atroces crímenes que se pueda cometer contra un padre. (…)  Necesito que mi caso sea conocido públicamente y que a través del Ministerio de Justicia, pueda acudir a tribunales internacionales, asociaciones u organismos competentes con el ánimo de lograr que mis hijos sean devueltos inmediatamente al seno de su patria y al cuidado de su padre. En espera de su pronta atención, le saluda revolucionariamente...

 

 

 

TEXTO DEL CABLE DE NINA SOLÍS A SU HIJO CAMILO ALBERTO CON FECHA 23 DE ABRIL DE 1974.

Tus hijos están bien. Nosotros velaremos por ellos.

 

 

 

 

DE LA CARTA DEL JEFE DE DESPACHO DEL VICEMINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CUBA PARA ASUNTOS DE PAISES DE AMERICA DEL NORTE A CAMILO ALBERTO RAMOS SOLÍS CON FECHA 6 DEJUNIO DE 1974.

Compañero: Por la presente queremos informarle que su caso ha sido (...) La Embajada de la República Socialista de Checoeslovaquia en Washington, representante de los intereses cubanos ante los Estados Unidos de Norteamérica, se ocupa de(...) Ante cualquier cambio en (...) le será comunicado de forma inmediata. Revolucionariamente (...)

 

 

DE LA CARTA DE RITA A SU TIOS COCA Y ANDRES CON FECHA 19 DE SEPTIEMBRE DE 1974.

Queridos tiítos: Para que vean que no me olvido de ustedes. ¿Qué día es hoy? Seguro que ocupados en estarse peleando ni se acordaron. ¡Feliz aniversario de bodas! ¿Cuántos años son? ¡Treinta y cuatro! Y pensar que Camilo y yo habíamos jurado estar juntos el mismo tiempo que ustedes. Pero bueno, no me voy a poner a hablar de cosas ya pasadas. Les escribo para contarles de mí y de los niños. Estamos muy bien. Camilo Ernesto comenzó en la escuela el día cuatro. Lo puse en una escuela hispana, y toda la familia me lo ha criticado mucho, pues consideran que debía aprender el inglés desde pequeño, pero yo pienso que ya tendrá tiempo para eso y que es importante que primero aprenda a leer y escribir en...(PALABRA ILEGIBLE. POR EL SENTIDO DE LA ORACION, PUDIERA SER "ESPAÑOL" O "SU IDIOMA"). A Alberto Raúl me lo cuidó la abuela paterna para que yo comenzara a trabajar, pero esta señora tiene un carácter que ni para qué les cuento y me los iba a traumatizar, así que con el primer sueldo, lo llevé a un... (PALABRA ILEGIBLE). Imagínense que hasta los nombres "comunistas" de mis hijos son mal vistos aquí, y para que no tengan problemas, me les están diciendo Camy y Albert. Yo tengo que revalidar el titulo para poder trabajar como psicóloga, pero no es nada fácil y cuesta bastante dinero, aunque me permiten trabajar como, lo que fuera en Cuba una trabajadora social, y estoy en un departamento federal de ayuda a grupos minoritarios (negros, hispanos, portorriqueños y cubanos). Ya estoy curada de espanto con las cosas que he visto, pero no se preocupen, pues mi trabajo es más burocrático y de...(PALABRA ILEGIBLE) que otra cosa y poco tengo que salir a la calle (...) Con papi y mami, como ya les he contado, sigo aún sin habernos podido encontrar. Como vienen de un tercer país y no directamente de Cuba, no los quieren considerar exiliados políticos, y la visa normal no tiene para cuándo solucionarse. En Chile no les va mal el negocio de...(PALABRA ILEGIBLE) que pusieron, pero su situación allí es muy inestable y los compinches de Pinochet los están exprimiendo todo lo que les da la gana amenazándolos con enviarlos para Cuba. Los pasajes para nosotros tres ir a Chile sale bien caro, y yo no dejo mis hijos solos aquí ni un día, así que decidimos esperar para encontrarnos cuando al fin papi y mami puedan entrar a los Estados Unidos. Por el momento sigo viviendo en casa de tía Lolita hasta que yo pueda alquilar un apartamentico. Lolita es la única de la familia de Camilo Alberto...(FRASE ILEGIBLE) y con la que me siento bien. De mi suegra, ya les he contado: una señora frustrada, de la que con toda mi psicología, no he logrado saber si en realidad quiere o no a Camilo, pero no obstante, convencida de que le fui infiel a su hijo, no me lo perdona. Mi suegro es un infeliz que no pinta ni da color y lo único que hace es trabajar como un esclavo y asentir a todo lo que dice su mujer. Y ya que me preguntaron, allá va eso. De Gustavo nunca hablo, porque es un psicópata. Yo le agradecía el haber secundado los planes de mis padres para sacarme de Cuba en los momentos de desesperación en que me encontraba, pues fue él quien lo organizó todo, y le admiraba el valor que demostró entrando clandestinamente a la isla y paseándose por Santa Clara donde tantas personas lo podían reconocer y denunciar a las autoridades, cuando tenía posibilidades de haberle pagado a alguien para que me fuera a buscar, pero ya hoy me he dado cuenta de que no tengo que agradecerle nada ni rendirle ningún respeto, pues sencillamente fueron sentimientos de venganza los que movieron sus acciones. ¡Qué odio le tiene este sujeto a su hermano!, y no me explico por qué, pues ni él mismo lo sabe. Lo que hizo, no fue por ayudarnos a mis hijos y a mí; sólo nos usó como instrumentos para hacerle daño a Camilo. Ya tuve unas palabras con él, y nos dijimos unas cuantas verdades, y no quiero saber más de esa bestia. Todo esto se lo cuento a ustedes, tiítos queridos, con la mayor discreción del mundo, así que ya lo saben: punto en boca, como me decían cuando yo era niña y me llevaban a hacer visitas (...) ¿Han visto a Camilo? Por favor, traten de comunicarse con él. Ustedes son la única vía que él tiene para saber de sus hijos, pero nunca les irá a pedir que le digan nada. No me explico que Camilo mantenga cerrada la casa y esté viviendo en un albergue. Yo temía que al estar divorciado, el gobierno se la quitara a pesar de que siempre tuvo allí su libreta de abastecimiento, pero ¿de qué ha servido que se la hayan dejado? (...) Yo sé que ustedes no tienen nada que perder, pero si mantener correspondencia conmigo, les puede perjudicar (yo sé cómo son las cosas ahí), chirrín‑chirrán; de lo contrario, escríbanme (...) Nunca se me podrá olvidar lo bueno que fueron conmigo (...) PD: En esta no les mando fotos, pues no me dicen si recibieron las que le mandé en la carta anterior, y mis hijos están muy lindos para que un "seguroso" cualquiera tire sus fotos para un cajón.

 

 

DE LA CARTA DE CAMILO ALBERTO RAMOS SOLÍS AL MINISTRO DEL INTERIOR DE CUBA CON FECHA 8 DE COTUBRE DE 1974.

Estimado compañero: Inspirado en el ejemplo del Che, es que me decido a hacerle

esta carta. (…) Ante el hecho de que mis hijos permanecen en los Estados Unidos sin esperanzas de que me sean devueltos legalmente, sólo veo la solución de que se me permita viajar a ese país para que de la misma forma en que me les fueron arrebatados, rescatarlos yo a ellos. Estoy dispuesto a convertirme  en un  agente secreto de la  Seguridad del Estado  para infiltrarme en las entrañas mismas del monstruo, cumplir las misiones que se me orienten por peligrosas que estas sean. (…) Rescatados mis hijos y trasladados a Cuba, ya nada personal me importa, pues sé que la Revolución se hará cargo de ellos, no les faltará nada material y les dará la verdadera educación comunista que yo aspiro para ellos (...) En espera de su respuesta, queda de usted revolucionariamente (...)

 

 

 

CARTA DE RITA A CAMILO ALBERTO CON FECHA 18 DE ENERO DE 1975[3].

Querido Camilo: Hace tiempo que quería escribirte, pero me había faltado el valor para hacerlo ni tenía idea de qué era en realidad lo que tendría que decirte. Ahora no es que tenga ya la fuerza necesaria, pues hasta la mano me tiembla haciendo esta carta, ni mucho menos sepa cuáles son mis sentimientos, pero hoy que cumples tus treinta años, he pensado muy especialmente en ti ‑ en nosotros ‑, me consume la nostalgia, el remordimiento y la añoranza y sé que no puedo dilatar un minuto más mi carta. Conociéndote como te conozco, temo que la rompas sin abrir ni el sobre, y siendo yo tan atea, ni siguiera puedo pedirle a Dios que leas esta carta; me limito entonces a desearlo fuertemente con la esperanza de que la energía de mi mente llegue hasta ti y hagas que desdobles este papel, pues yo estoy desdoblando en él mi corazón.  Los niños  están bien.  A  Camilo Ernesto  le ha  hecho  mucho  daño la separación, pregunta mucho por su papá y se ha tornado un niño introvertido y triste. Pienso que le habla de ti  a  Alberto Raúl,  pues este,  tan pequeñito,  no tiene por qué  acordarse  y sin embargo, expresa a su manera  los mismos recuerdos  de su hermano. Es como si Camilín creyera que la única forma de salvarte para sí, es logrando que la endeble imagen que su hermano tiene de ti, no se le pierda, y la alimenta y cultiva en secreto, pero como la misma tenacidad tuya. Yo siempre que puedo, hago como le hacías tú y los llevo a mi cama un rato antes de dormir, entonces hablamos de ti, de la casa, del Círculo, de sus amiguitos y de Cuba. Hoy cuando nos levantamos, lo primero que hicimos, bien bajito para que sólo tú lo oyeras, fue cantarte "Felicidades, papá en tu día..." Tienes que perdonarme el no haberte sido nunca infiel (ni antes ni ahora), pues de haber sido así, toda esta pesadilla, todo este destrozo de nuestras vidas estuviera justificado y, al menos yo, no tuviera de qué quejarme ni lamentarme, pero hemos sido víctimas de la maledicencia, de la envidia y de nuestra propia inmadurez. Éramos felices. Tú, romántico y soñador, construyendo una nueva sociedad de justicia e igualdad: el mundo del futuro; y satisfaciendo por primera vez en tu vida, el deseo de tener la familia que siempre te faltó. Ocho hijos querías, y yo, niña eterna, estaba dispuesta a parírtelos, pues precisamente ese fue el número de muñecas que llegué a tener en mi verdadera infancia. Unica e hija de "papá y mamá", nunca me preocupé de la existencia más allá de sentirme protegida y segura. Pérez tuvo razón en dos cosas que, por contradictorias, él no supo comprender. Rigoberto, de alguna manera, estaba enamorado de mí, y, de alguna manera, aunque quizás ni él mismo lo sepa, debe ser homosexual. Conmigo se sentía bien, precisamente porque no tenía el compromiso, ni muchísimo menos, el acoso sexual que podría tener con otras mujeres; "ciertas sospechas" que pudieran levantar nuestra íntima amistad, le salvaban un poco el prestigio de macho que necesitaba para sobrevivir en un medio hostil y dogmático como el de Cuba, pero es que además, mis hijos le hacían sentirse bien en su frustrado rol de padre (y también, ¿por qué no?, en el de madre); y yo me divertía en el juego, pues mi patológica inocencia nunca me dejó analizar que semejante relación pudiera perjudicar nuestro matrimonio, mas de pronto, el ataque vino hacia ti, y te comportaste a la altura de un hombre de tu tiempo y de tu medio (recuerda que Marx dijo que le hombre piensa como vive), y sordo al más mínimo destello de sentimiento individual que pudiera brotar en ti, fuiste radical y cruel conmigo, con tus hijos y contigo mismo. Sin ti, sin que mis padres, como me tenían acostumbrada, acudieran a mis reclamos de niña indefensa, y por último, la certeza de que nunca llegarían a mi lado, me cegaron y acepté irme en busca de protección sin pensar entonces yo, el daño que ello representaría para nosotros. Como ves, los dos ‑ tú y yo ‑, somos culpables del mismo delito de miedo. Pero no es hora de lamentos. Basta ya de quejarnos como dos niños malcriados y enfrentemos la situación como personas adultas y maduras. Hemos sido unos cobardes y la falta de valor se paga caro en la vida. Tampoco es momento de recriminaciones mutuas, por lo menos nada más lejos de mi intención. Te he querido y te quiero demasiado para ello. Si yo pudiera regresar, aunque tuviera que ir a una cárcel a pagar el delito de haberme ido clandestinamente de Cuba, lo haría. No valoro siguiera la posibilidad de que tú quieras venir, pues sé que tus ideales y principios revolucionarios no te lo permitirían, pero si lo hicieras, aquí estaríamos tus hijos y yo dispuestos a quererte por siempre. Al menos ten la tranquilidad de que ellos sabrán de tus sueños. Tu Rita.

 

 



[2]   Siempre me pareció inverosímil que se dejara al azar el  encuentro de Gustavo   con Rita, y demasiada coincidencia que precisamente ese día, ella no hubiera llevado a sus hijos al Círculo, no fuera a trabajar y permaneciera en la casa. Al leer este informe, me convenzo de que tuvo que haber una  comunicación previa de los familiares en el extranjero con Rita, que se le consultó de antemano su salida del país, y que ella estuvo de acuerdo. El periódico Granma y la revista  URSS a los que se hace referencia, posiblemente fueran parte de la contraseña para la identificación del personaje que llegaría a buscarla

[3] Esta carta permaneció cerrada durante veintiún años. A finales de 1996, cuando escribía la novela, Camilo Alberto, que la había guardado todo ese tiempo, me la entregó y me autorizó para abrirla, leerla y publicarla.

 

sábado, 3 de abril de 2021

Capítulo seis

CAPÍTULO SEIS. 

Camilo Alberto se dirigió al sitio del parqueo donde había dejado su jeep. Observado por decenas de ojos disimulados o invisibles, se esforzó en no dejar que sus pasos por sobre la gravilla ni sus manos cambiándose el portafolios para que la derecha buscara las llaves en el bolsillo del pantalón dejaran traslucir su confusión. El sol se encontraba aún sobre el horizonte, y el cielo, como si se desangrara, anunciaba ya la próxima muerte del día.

   Pérez, su chofer, estaba de vacaciones, y si Camilo había estado protestando por las molestias que ello le ocasionaba, en ese momento se alegró de que no estuviera para manejarle hasta Santa Clara, pues como militante también hubiera estado presente en la reunión del Núcleo.

    "¡Pérez!" ─pensó Camilo Alberto desgranando las sílabas, y aquella sola palabra, sin ningún otros pensamiento que le acompañara, fue suficiente para tener la certeza de que el origen de aquel engendro y toda la información que se necesitó, habían surgido del resentimiento y la mala voluntad de este sujeto.

   Como a esa hora ya no quedaban otros trabajadores en el Puesto de Mando, era costumbre, y se permitía que, habiéndose terminado la reunión del Núcleo, se formaran pequeños grupos que por breves minutos comentaran detalles de lo tratado o se pidieran orientaciones acerca de la forma de realizar alguna tarea encomendada, pero no ese día. A Camilo Alberto, sobretodo los trabajadores más simples, lo querían y respetaban, y por consideración a su vergüenza, quienes  vivían en el caserío de los alrededores se dirigieron con prontitud a la salida, los de Sitiecito abordaron la guagua que esperaba por ellos, y los dirigentes, mayoritariamente residentes en Santa Clara, caminaron hacia sus respectivos autos en el parqueo.

   Camilo Alberto puso el portafolios junto a otros papeles en el asiento trasero del vehículo, abrió la portezuela junto al timón, se sentó ante él y encendió el motor; iba a ponerla marcha atrás para salir de allí, cuando una voz lo detuvo. Esperó que Federico se le acercara y, con la impresión de que las palabras que pronunciaba estaban desfasadas con respecto a los movimientos articulatorios, le oyó decir:

    ─Me voy contigo.

   Por su parte, él, como si la decisión tuviera vida propia y no le perteneciera, respondió de manera tajante:

    ─Prefiero irme solo.

   No supo si fue antes o después de dar la vuelta por detrás del vehículo para acomodarse en el otro asiento delantero cuando, sin hacer caso del deseo expresado, Federico le dijo:

    ─Es voluntad del Núcleo.

   Y el ruido característico de la puerta al cerrarse fue como el cuño monárquico que acredita y da fuerza legal a una decisión del Parlamento Inglés para que se lleve a efecto.

   Hay acciones o situaciones que parecen ya vividas, y Camilo Alberto tuvo esa sensación cuando giraba el auto para quedar de frente a la puerta de salida, pero contrario a lo que generalmente ocurre, después de la idea inicial y vaga, esta vez en él apareció el recuerdo claro y preciso de la ocasión anterior. Fue cuando le avisaron que Rita había ido para Maternidad a parir su primer hijo.

   A la hora de la comida del día anterior, su mujer le  había comentado que en la cola de la tienda de la Canastilla, una señora mayor le había preguntado con asombro que cómo podía estar allí encontrándose ya de parto.

   ─¿Y usted por qué lo sabe? ─le había preguntó Rita─.  Yo no me siento nada.

─Por el olor, niña ─dijo Rita que le respondió la anciana.  

  Tampoco a Camilo Alberto le pareció bien que su mujer hubiese ido con semejante barriga a hacer compras, y una vez más, en aquellos últimos meses, le reprimió por disparatera.

    ─Hoy se me vencían varias casillas de la libreta de productos industriales─se defendió Rita─,  y dio la  casualidad que entró mercancía a la tienda. Además  ─agregó mientras le ofrecía con su tenedor una lasca de platanito maduro frito─ yo no me siento nada.

   Hacía ya seis meses que los padres de la muchacha se encontraban en Francia, él como comprador de medicamentos y útiles médicos, y ella atendiendo algunas funciones menores en la sede diplomática de Cuba en ese país, por lo que Camilo Alberto se sentía doblemente responsable de su mujer, la que por demás, caprichosa y voluntariosa como era, había ocultado su embarazo hasta la salida de sus padres para impedir que estos fueran a arrepentirse de viajar.

    ─Pero no debes estar haciendo disparates.

    ─Te lo prometo ─le dijo esa noche su mujer mientras tomaban el café de la comida y lo repitió al día siguiente cuando, en la puerta de la calle, despidió a su marido que salía para el trabajo.

   ─Es varón ─le había anunciado Federico enseguida que lo supo en el Departamento de Información del Hospital Materno─, y te permiten que subas a verlo ─agregó mientras le palmoteaba la espalda.

    Cuando llegó, como si se hubieran citado media hora antes, ya estaban presentes todos sus compañeros del Núcleo, mas el hecho no le llamó la atención de manera especial.

    ─Tú eres muy ingenuo ─le repetía Rita con frecuencia.

   Creyendo que se le había hecho tarde, fue a excusarse cuando coincidentemente, Tomasito miró el reloj en su muñeca y manifestó que aunque aún faltaban cinco minutos para la hora prevista, comenzarían la reunión, pues ya no faltaba nadie de los que debían estar. Alberto saludó con la mano a algunos compañeros y sonrió a otros, pero para evitar que lo requirieran, apresuró el paso hacia su asiento. El gustaba de sentarse junto a la ventana del fondo, mas esta vez habían modificado la distribución habitual de las sillas y sólo quedaba una disponible junto a la mesa de la Dirección. Allí se sentó Camilo Alberto y quedó frente a la masa de compañeros del Partido. Semejante detalle también le pudo haber resultado significativo, pero habituado a aquellas reuniones, no hubo en él alarma ni extrañeza.

    ─Es demasiado cándido ─siempre comentaron los suegros a sus espaldas.

   Se hizo el acostumbrado pase de lista y cada uno de los militantes del Partido Comunista de Cuba del Núcleo del Puesto de Mando de la Ganadería de la Regional Sagua, como en la escuela, fueron contestando presente al mencionarse su nombre. A Camilo siempre le pareció ridículo aquella forma de conocer quienes estaban, pero José Manuel, el director, lo prefería así, y como su voluntad era ley, aún en asuntos tan triviales y ajenas a sus funciones como era el control de asistencia en las reuniones del Núcleo, se hacía de esa manera.

   Quien único no estaba presente, era Pérez. Este siempre disfrutaba sus vacaciones en la segunda quincena de los meses de diciembre y julio, y ese año las tenía planificadas para ese tiempo, pero dos días antes de aquella fatídica reunión del Núcleo, una inesperada necesidad familiar lo obligó a adelantar sus vacaciones para salir de la provincia, razón esta que justificaba, y sólo por ello, a no estar presente en la reunión partidista mensual.

   Pérez era un sujeto, según Rita, lleno de frustraciones y amarguras, pero que él negaba y sabía disimular con perfección de orfebre. Risueño, sociable y aparentemente servicial, ocultaba con la actitud exhibida, el rencor de su mediocridad.

    ─No se le parece ─fue el comentario que Pérez hizo cuando al otro día fue con Camilo a recoger a Rita al Hospital de Maternidad y le enseñaron el niño.

    ─¿A quién? ─le preguntó Rita.

    ─A Camilo, el padre ─dijo.

     Y Rita, herida quizás, porque el chofer no hubiera hecho un cumplido alabatorio de su hijo, le espetó irónica y risueña una pregunta que nadie esperaba.

    ─¿Y quién le dijo a usted que Camilo es el padre?

   Camilo esperó que saliera el jeep del director del Puesto de Mando, y después de este, alcanzó la puerta de salida. Puso la segunda velocidad y ya en la carretera, pasó a tercera y aceleró. Al llegar al pueblecito, se desvió por una de las primeras calles laterales y detuvo el jeep frente a la humilde vivienda de un señor que, ante la carestía de la época, les suministraba cigarros fabricados artesanalmente.

   Federico, conociendo la intención de su amigo, extrajo una cajetilla de uno de los bolsillos de su camisa y se la ofreció, pero Camilo no se percató del gesto y se bajó del jeep.

   ─No tiene, coño ─dijo cuando regresó.

   ─Te estoy ofreciendo de los míos.

   Camilo tomó un cigarro de los que Federico le brindaba, lo encendió y aspiró una fuerte bocanada que expulsó de igual forma. Rita siempre lo estaba estimulando para que dejara de fumar, pues trabajadora del Ministerio de Salud, se había tomado muy a pecho su misión como Responsable Provincial de Educación Sanitaria y pretendía que también su marido llevara en este aspecto una vida sana.

   ─Rigoberto no fuma.

   Y tantas veces se lo repitió que un día, después de encender un cigarro con el fuego que le ofreció el suegro, se viró molesto y le dijo soberbio:

    ─Rigoberto es Rigoberto, y yo soy yo.

   La carcajada del suegro no se hizo esperar ni tampoco, a modo de justificación, la explicación de su hilaridad.

    ─Perdona, Camilo, fue que pusiste una cara que pensé que lo menos que ibas a hacer, era mandarla para el carajo.

   Camilo abrió la portezuela y, dando tiempo a que los demás autos que iban para Santa Clara, se le adelantaran, descendió nuevamente del jeep y se quedó parado junto a él. Allí, con miles de ideas peleando en su cabeza, terminó de fumarse el cigarro en absorciones rápidas y repetidas, tiró la colilla al suelo y la aplastó con saña.

   ─¿Quieres que yo maneje? ─le preguntó Federico.

    ─No.

  Después del pase de lista, se hacía el chequeo de acuerdos, y ese día no hubo, en este aspecto nada especial.

   A Rita  nunca se  le había  hecho  el proceso  para militante,  ni siguiera nunca había salido Trabajadora Ejemplar, paso previo e imprescindible para poder engrosar las filas del Partido; en la Universidad se le señaló su falta de combatividad como limitante para recibir el carné de comunista, y aunque hubo quienes la defendieron planteando características de su personalidad, tanto  sus padres como  Camilo Alberto  sabían que a  Rita no le interesaba en lo más mínimo pertenecer a la máxima organización política del país, y sin que se llegue a interpretar por esto que tenía problemas ideológicos, su conducta como revolucionaria se limitaba a admirar a sus dirigentes y a disfrutar del aspecto social y festivo de concentraciones, movilizaciones agrícolas, desfiles, recogidas de materias primas, limpieza y vigilancia de la cuadra y de otras muchas tareas de masas a las que la población debía integrarse para no significarse como persona desafecta con el proceso revolucionario.

   Cuando su padre de ella supo de la posibilidad que se le designara como representante para la Misión Comercial del Ministerio de Salud Pública en Francia, comprendió que la no militancia de su hija podía ser un punto débil en su candidatura y se propuso una estrategia intensiva y de aplicación inmediata para mejorar la imagen política de Rita.

   Como a la graduación de Rita, la había llevado a trabajar junto a él a la Dirección Provincial del Organismo de Salud, no le fue difícil que el Núcleo del Partido de allí le designara tareas.

   ─Yo propongo a la nueva compañera psicóloga como Secretaria del Consejo de Trabajo.

   Camilo Alberto encendió el motor del jeep y salió en marcha atrás hasta una de las polvorientas boca calles de aquel lugar, y por ella entró para colocar el vehículo en la posición deseada. Giró entonces el timón en sentido contrario, puso de nuevo la primera velocidad con un gesto puramente estereotipado y salió patinando las gomas traseras rumbo a la carretera, a la que ascendió con un giro brusco y rápido sin siguiera cerciorarse si venía otro carro.

    ─¡Oye, yo quiero llegar vivo a Santa Clara!

    ─¿Y yo no?

    ─Pues maneja bien o dame el timón.

    ─No fastidies, Federico.

  Federico y él fueron compañeros de aula en la Universidad y, aunque sin una amistad especial, siempre se tuvieron simpatía.

    ─¿Tú lo crees, Federico?

    ─No.

    ─Pero existe el comentario.

    ─¿Y eso es suficiente?

    ─Para la moral de un comunista, sí. Tú lo sabes.

    ─¿Y qué vas a hacer?

   Federico fue uno de los estudiantes que se le ofreció a Fidel en el encuentro en la melonera de Pinares de Mayarí, y el Comandante lo designó para un complejo de vaquerías que se proponía crear en la llanura del Cauto, y por ello, a su graduación, fue ubicado en esa zona. Allí le esperaba un jeep soviético nuevo enviado para él por el máximo leader de la Revolución, pero después de dos años sin saberse cuándo comenzaría la construcción de las modernas edificaciones que se requerían, ni mucho menos de la llegada de los sementales canadienses que darían lugar a una nueva raza de ganado vacuno apropiada para nuestro clima, Federico, quizás por la imagen de dirigente estudiantil que aún conservaba del amigo, en una de las visitas a su casa en Santa Clara, fue a ver a Camilo Alberto para contarle su situación, y este, como ya nadie se acordaba de que la ubicación de Federico la había hecho el mismo Fidel, lo trajo a trabajar con él. 

    ─Yo voy a ser el padrino ─le dijo Federico cuando Camilo se le reunió de nuevo en la puerta de Maternidad.

   ─Yo soy comunista. Mi hijo no se va a bautizar.

    ─Padrino en el acto de inscripción en el Libro del CDR como ciudadano de este país, compadre ─le aclaró sonriendo y le tiró el brazo por sobre los hombros─.  Vamos a celebrarlo  ─le dijo mientras caminaban hasta donde el jeep.

   El siguiente punto del orden del día era el informe administrativo del cumplimiento del plan de producción del año, pero como este, Camilo se lo sabía de memoria, pues fue él quien había ofrecido los datos y había ayudado a José Manuel, el director, a redactarlo, llevó la atención de su lectura a un segundo plano y se interesó por ver la impresión que causaba en los rostros de los presentes. Cloraida, la cocinera, no comprendía nada de lo que se decía y lo miraba a él. Camilo se sorprendió de ello, y aunque sus miradas se encontraron sólo un breve instante, trató inútilmente de descifrar el matiz de aquellos ojos castaños y cansados que lo miraban: ¿compasión? Decidió llevar la vista hasta el extremo contrario del salón y buscó otro rostro. Ricardo, el contador, ajeno a la voz del director, lo miraba también. Camilo hizo un rápido paneo con la vista sobre los presentes y todos tenían la vista sobre él. El auditorio se sintió descubierto y cada uno de los que lo formaban, trató de disimular su turbación de algún modo: unos tosieron, otros cambiaron de posición sobre la silla, se descruzaron piernas, se encendieron cigarros, se arreglaron ropas, y una oleada de aire frío, como un espíritu que cruzara, atravesó el lugar e hizo que todos se estremecieran.

    ─¿Qué ocurre? ─preguntó José Manuel, pero no esperó respuesta, pues al levantar la vista, primero sobre el grupo para después dirigirla hacia el sitio donde se encontraba Camilo Alberto, le sirvió para percatarse de que todos conocían en alguna medida y estaban pendientes del problema principal que se plantearía en Asuntos Generales. Resumió lo que aún faltaba por leer, dijo algunas otras cifras más importantes y dio por terminado su informe.

    ─Preguntas, comentarios... ─dijo Tomasito, el Secretario General del Núcleo arrastrando la sílaba final de cada una de las palabras para motivar la intervención de los presentes.

    ─¿Cuántos hijos tú quieres tener?

   Camilo detuvo el movimiento de rotación que hacía con un estropajo sobre uno de los platos que habían usado en la comida y sin sacar las manos del fregadero giró la cabeza hacia donde permanecía Rita a su espalda dándole el pecho al niño, y exclamó interrogante.

    ─¿Eh?

  ─¿Qué cuántos hijos tú quieres tener? Nunca me lo has dicho. 

  ─Más de dos ─le respondió Camilo, con los labios le hizo un gesto que no llegó a ser beso y siguió fregando.

    ─¿Tres? ─insistió Rita.

    ─Cuatro... ─dijo sin mucha certeza para después de una breve pausa, agregar─:  o cinco.

    ─¿Todos conmigo?

   A Camilo le dio gracia aquella nueva pregunta y sonriéndole contestó:

    ─Naturalmente. ¿Con quién otra?

    ─Ven entonces y dame un beso por cada uno de los hijos que vamos a tener.

    ─¿Ahora, Rita? ─preguntó suplicante─. Le estás dando el pecho al niño y yo estoy fregando.

    ─¡Ahora!

    ─Mira que va a haber un apagón.

    ─Mejor ─dijo con un tono francamente sensual.

   Camilo se secó las manos y fue hasta el sillón donde permanecía su mujer y, a la par que los enumeraba, comenzó a besarla por las mejillas y la frente con profusión intencionada del sonido de sus besos.

   ─Uno...dos...tres... ─y así hasta contar ocho. Entonces comenzó a quitarse la camisa y fue a pararse detrás del sillón.

    ─¿Qué haces?

    ─Posar en un afiche para tus campañas de salud  ─y manteniendo una sonrisa artificial para la broma, anunció─: Matrimonio feliz.

   Rita llevó la mano que tenía libre hasta el hombro en que Camilo dejaba descansar una de las de él, y tomándosela, se la acarició con los labios.

   Ya comenzaba a oscurecer, y Camilo prendió los focos del jeep. La carretera, amén del poco tránsito que por ella circulaba producto de la escasez de combustible que había en el país, a esa hora permanecía prácticamente vacía. La semipenumbra del anochecer sólo permitió que el haz de luz se insinuara, pero la oscuridad de la noche no demoró en permitirle resaltar sobre el pavimento por el que el vehículo cruzaría. Fuera de él, sólo sombras cambiantes y fugaces de la maleza.

    ─Hace falta que chapeen los bordes de la carretera ─comentó Federico sólo por romper el silencio ya de varios kilómetros.

    ─Esto es de pinga, Federico.

  Y por aquella palabrota, tan frecuente en el lenguaje habitual entre los compañeros, pero tan poco usada por Camilo, Federico supo de la intensidad de la emoción que vivía su amigo.

   Enseguida que se le terminó la licencia de maternidad, Rita ubicó al niño en un círculo infantil y comenzó a trabajar. Era ella quien lo llevaba y por la tarde lo recogía en la institución, mas cuando debía viajar a algún otro municipio, era entonces Camilo quien pasaba por el círculo en busca del hijo.

   Una tarde, a su llegada a la casa, Camilo se encontró una nota de Rita explicándole que se le había presentado un viaje imprevisto a Placetas y que como llegaría tarde, Rigoberto le haría el favor de recogerle el niño y lo llevaría a su casa, a donde Camilo debía irlo a buscar cuando llegara.

  Pérez se había detenido a bajar unas malangas que traían, y gracias a esto, el jeep aún permanecía allí.

   La casa de Rigoberto era por el mismo barrio, así que el viaje fue corto. Fue el compañero de Rita quien les abrió la puerta y allí le entregó el niño que permanecía dormido en sus brazos.

    ─Gracias ─le dijo Camilo mientras tomaba al hijo.

  Rigoberto respondió sólo con un gesto de la mano y a continuación le indicó que no hablaba para no despertar a la criatura. Camilo asintió con la cabeza y en compañía de Pérez abordó nuevamente el jeep. Rumbo a la casa, el chofer miró a Camilo y se atrevió a comentarle:

    ─A mí este tipo no me acaba de gustar.

    ─¿Por qué? ─indagó curioso Camilo.

    ─No sé  ─dijo Pérez sólo para volver a insistir─,  pero no me gusta.

   Enseguida que Liz Baliño tuvo noticias del acontecimiento, imposibilitada de estar presente como hubiera deseado, llamó por teléfono a la hija.

     ─¿Cómo le van a poner? ─preguntó desde una de las oficinas de la embajada cubana en París.

    ─Camilo Ernesto.

  Y a partir de entonces, deseosa de conocer al nieto, contó los días que faltaban para las vacaciones en Cuba, viaje que a pesar de todas las gestiones realizadas por ella y su esposo para obtener el permiso, tuvo que esperar a los dos años de misión reglamentados en el extranjero.

   A La Habana fueron a esperarlos Camilo, Rita y el niño, y no pasaron dos horas de estar juntos, para que Camilo se percatara de los mucho que habían cambiado sus suegros.

    ─Todo lo que viene en esta maleta, es para el niño ─dijo Liz Baliño cuando comenzó a abrir el equipaje en la habitación del Hotel Habana Libre.

   Camilo fue a decir algo, pero en ese momento tocaron a la puerta, y el suegro desde el baño le pidió que abriera.

   ─Debe ser el camarero con las cervezas.

   A la hora de la cena, cuando ya las luces de la ciudad centellaban a los pies del piso veinticinco de aquel edificio,Liz Baliño tomó del brazo a Camilo y lo llevó hasta uno de los ventanales que servían de mirador.

   ─¡Ay, qué maravilla estar de nuevo en Cuba! ─dijo en voz alta ante los camareros, quienes por su atuendo demasiado elegante para la época que se vivía en el país, la miraban con evidente desconfianza. Inmediatamente bajó la voz y con disimulo le susurró al yerno al oído─:  Yo le avise a tu mamá cuando nació el niño.

   Camilo la miró asombrado sin saber qué decir. Liz Baliño sonrió, como siempre, con una mezcla de picardía y extendió un brazo como si señalara un punto en la vista nocturna para no levantar sospechas de lo que hablaban y le aclaró:

   ─No te preocupes. En París no hay la persecución que hay aquí. Allá esas cosas se pueden hacer sin que nadie se entere.

   ─Camilo Alberto, ahora debemos plantear algo en esta reunión que te atañe particularmente ─dijo Tomasito e hizo una pausa.

   A Camilo no le sorprendió aquella indicación. Sin haber tenido conciencia de ello, toda la información extraverbal recibida en la última hora, le había alertado de lo que ocurría y de cierta manera estaba preparado. El, Camilo Alberto Ramos Solís, médico veterinario y Subdirector Técnico del Puesto de Mando de la Ganadería en el Regional Sagua, sería el centro de aquella reunión del Núcleo del Partido.

   Punzado por tales palabras del Secretario General, Camilo cambió de posición en la silla y se irguió con naturalidad, pues, aunque sabía que iba a ser agredido de alguna manera, no podía demostrar tensión ni defensa, ya que semejantes actitudes ante sus compañeros, hubiera enotado desconfianza y recelo de su parte, y como principio del centralismo democrático que imperaba en la organización política a la que pertenecía, cualquier medida que de ellos enamara, aunque fuera una orden de detención, sería por su bien. Se ajustó los espejuelos como si en realidad esperara la asignación de una tarea partidista cualquiera: la actualización del mural el mes próximo, el apadrinamiento de algún compañero de los de la cantera para engrosar las filas del Partido o la entrega de una información determinada, y la pausa de Tomasito le pareció interminable.

     El no tenía problemas de disciplina laboral y había cumplido su plan de trabajo del año con calidad. En este aspecto no había duda alguna, pues aunque en el informe que se acababa de leer, no se hacía mención explícita de su nombre, ninguno de los parámetros medibles en su subdirección se había incumplido, y la valoración cualitativa de su gestión técnica y administrativa había sido calificada de excelente en la última visita de Control y Ayuda del Nivel Provincial.

  Como militante había cumplido todas las tareas que el Núcleo le había asignado, mantenía buenas relaciones humanas, se estaba superando y ya cursaba el segundo semestre de Ruso en la Escuela de Idiomas, participaba en las movilizaciones agrícolas y en las jornadas de limpieza y embellecimiento que se convocaron siempre que se esperaba una visita al centro. Cumplía con la guardia obrera y no había fallado a ninguna de las rondas que por la zona de los CDR le habían correspondido. Era combativo...No. El señalamiento no sería por ninguno de estos aspectos.

   Tomasito fue a hablar, pero se detuvo para tomar un poco de agua. Los demás permanecían estáticos y en silencio como si simularan un conjunto escultórico. Sólo los ojos de José Manuel se movían inquietos del Secretario General a Camilo Alberto, y de este al resto del auditorio para volver de nuevo a Tomasito.

   José Manuel había pertenecido al ala juvenil del Partido Socialista Popular en su nativo Caibarién y defendía su cargo como Director en aquel puesto de mando adulando a los jefes superiores, con un eficiente trabajo organizativo, sin permitir el más leve resquebrajamiento en la disciplina de acatar su voluntad y temiendo siempre de quien sospechara podría sustituirlo, y Camilo era el principal candidato.

   El jeep dejó atrás el poblado de Cifuentes y comenzó a recorrer el último tramo de carretera antes de llegar a Santa Clara. La cercanía a la ciudad capital de la provincia justificaba la aparición cada cierto tiempo de algunos otros autos, aunque no por ello se pudiera dejar de catalogar el viaje de solitario.

    ─Dame otro cigarro ─pidió Camilo Alberto con una voz que a Federico le pareció más serena. Se lo ofreció y le rayó el fósforo para que encendiera sin desatender el timón; esperó que absorbiera la primera bocanada de humo para hablarle.

    ─Camilo, no es bueno que te tragues lo que sientes. Yo soy tu amigo. Tú lo sabes ─le aclaró  y estoy dispuesto a oír lo que quieras decir.

   Camilo desvió un instante la vista de la carretera para mirarle con una inexpresividad que molestó a Federico.

   ─¡Oye, antes que carné, trabajo ni nada, yo soy hombre. Conmigo puedes hablar!

   Problemas ideológicos no era. Tanto él como Rita habían tenido mucho cuidado de que los niños vistieran como los demás a la hora de ir al Círculo Infantil, y la ropa y los zapatos que los suegros le enviaban a los nietos desde Francia, la usaban sólo en situaciones especiales. A veces, pantalones y pullovers de mejor calidad los utilizaban dentro de la casa para ahorrar la que habían comprado igual a la de los demás niños con la libreta reguladora de tales productos en la tienda que les correspondía.

   Con ninguno de sus familiares en el extranjero, ni aún siguiera con su madre, mantenía ningún tipo de comunicación. Sus suegros estaban en Francia cumpliendo tareas de la Revolución y eran gente probada en su adhesión a Fidel y a los principios del Socialismo, y así y todo, él no les escribía, y cuando ellos llamaban por teléfono, después de ver durante su visita a Cuba lo aburguesados que estaban, se limitaba a saludarlos única y exclusivamente. Que Liz Baliño le hubiera avisado a Nina Solís cuando nació Camilo Ernesto, y posiblemente también cuando nació Alberto Raúl, no lo sabía ni Rita.

   ─Es una situación ─dijo Tomasito cuando al fin comenzó a hablar de nuevo  difícil no sólo para ti, sino también para todos nosotros, y en particular para mí que como Secretario General de este núcleo, debo ser quien te lo plantee.

   Un mes después de la llegada de sus suegros en aquellas primeras y últimas vacaciones en Cuba, dejaron al niño al cuidado de Rigoberto, el compañero de Rita para que Camilo y ella volvieran al aeropuerto para despedir aLiz Baliño y a su esposo en la nueva partida para Francia.

    ─¿Este tipo no es casado? ─le preguntó Pérez cuando fueron a casa de Rigoberto a buscar al niño.

    ─Pérez, Pérez... ─dijo y repitió Camilo moviendo la cabeza en señal de desaprobación─.  Ya sé por donde vienes. ¡Pero mira que tú eres mal pensado!

    ─Yo sé lo que digo, doctor. Ese tipo no me gusta.

    ─Pues estás equivocado. Rigoberto no es casado, pero es hombre, varón, macho, masculino.

   ─Ahora bien ─dijo Tomasito sacando un libro del portafolio que tenía en el suelo cerca de sus pies  antes de plantearte el problema, quiero leerte algo  lo abrió por donde sobresalía un pequeño pedazo de papel haciendo la función de marcador y se dispuso a leer, pero volvió a cerrar el libro para mostrar su carátula y, como si estuviera anunciando la Biblia, dijo─:  Fundamentos de los conocimientos filosóficos  ─hizo una breve pausa y con la misma autoridad que si dijera entonces Dios, agregó─: Afanasiev ─volvió a abrir el libro y comenzó a leer─: "La moral comunista expresa los intereses de la mayoría absoluta de los miembros de la sociedad..."

   En ese momento, ya Camilo Alberto había dejado de escuchar lo que el Secretario General del Núcleo leía, pues anonadado por dos palabras dichas por Tomasito: "problema" y "moral", no podía pensar con claridad y sólo salió de aquel letargo cuando el dirigente partidista tuvo que rectificar una palabra que no había logrado leer bien de primer vista.

     "─...verbigracia"  ─y continuó─ "los mandatos elementales presentados a la conducta del hombre"  ─entonces aprovechó el punto y aparte del texto para hacer una pausa y dirigirse a Camilo─.  ¿Comprendes?

   Camilo pensó decirle que no, pero sin saber por qué, se sintió afirmando con la cabeza y recordó una situación semejante cuando Liz Baliño, al despedirse por última vez antes de atravesar la puerta de emigración en la estación aérea, le dijo:

    ──No tengan más hijos por ahora.

   Ya Rita y él habían hablado de ello y habían decidido qué iban a hacer.

    ─Es mejor tenerlos todos juntos y no esperar a que Camilito Ernesto esté grande.

   Y ya hacía tres meses que habían dejado de cuidarse.

   Camilo y Rita subieron hasta el balcón en el segundo piso del aeropuerto, y media hora más tarde le dijeron adiós a los padres de la muchacha cuando caminaban hacia la nave de Cubana de Aviación que imponente ronroneaba sus motores sobre el pavimento en que se posaba. Por la escalerilla, y hasta perderse por la portezuela abierta, Liz Baliño estuvo todo el tiempo agitando la mano en alto. El avión no demoró en desprenderse de cables y tubos que le tenían detenido en tierra y fue a situarse en uno de los extremos de la pista. El ruido del acelerón se hizo molesto. Rita se tapó los oídos con ambas manos y, en una reacción más infantil que amorosa, buscó refugio en el pecho de su marido; este la cubrió con uno de sus brazos y la mantuvo allí hasta que el avión, en la distancia, se elevó a las nubes. Entonces Rita miró a Camilo y le dijo:

   ─Estoy embarazada de nuevo.

   ─¿Qué será? ─le preguntó Camilo después de besarla en la frente.

    ─Varón como habíamos acordado.

    ─Se llamará Fidel.

    ─No. Fidel será el próximo ─aclaró Rita y salió caminando rumbo al auto─.  A este le vamos a poner Alberto Raúl.

   Si hasta entonces aquellas dos palabras habían girado en su mente independiente una de otra, después de la reacción inicial, Camilo logró en una primera respuesta, elemental, pero al menos coherente, voluntaria e inteligente, unir aquellos dos términos en una frase que por fuerza tuvo un matiz interrogativo: "¿problemas morales?"

   ─Entonces sigo ─dijo Tomasito y reanudó la lectura─.  "...De ahí el principio tan importante de la moral comunista como el colectivismo y la ayuda mutua de camaradas, que se expresa en la fórmula: Uno para todos y todos para uno..."

   ─¿Problemas morales? ─y como un inmenso bloque de granito que rebotara una y otra vez sobre el piso, aquella pregunta no dejaba de martillarle en la cabeza. Camilo recorrió la vista sobre los presentes tratando de buscar respuesta a aquella incógnita, pero todos miraban atentos a Tomasito, todos menos José Manuel, el director.

    ─Te felicito ─recuerda que le dijo poniéndole por primera vez el abrazo sobre los hombros cuando el Sindicato lo premió con la casa en la playa a los pocos meses de estar trabajando en el Puesto de Mando de la Ganadería de la Regional Sagua.

    ─Gracias ─le contestó Camilo Alberto mientras caminaban hacia la sala de ordeño de una de las tantas granjas que debían supervisar─, pero pienso que otros se lo merecían más que yo.

   José Manuel se rió y deteniéndose, le dijo:

   ─Por mí no te preocupes. Los dirigentes ─y Camilo percibió cierta entonación especial en el nominativo─ recibimos la asignación de casas en la playa directamente del Partido Provincial.

   ─Lo decía por los obreros.

   ─Vamos, hombre, no seas modesto que tú te lo mereces ─y para dar por terminado aquel tópico, más que propuesta, le ordenó que se llevara el jeep─.  Con dos niños pequeños, serán muchas las cosas que tengas que cargar.

    ─Voy a usar el carro de mi suegro.

    ─¿El cacharro viejo ese? ─volvió a tirarle el brazo por sobre los hombros para reanudar la marcha y, sin esperar respuesta, le dijo─: Tendrás que hacerle una buena reparación para que aguante el viaje de aquí a Varadero.

    ─Sí.

   ─Bueno, cualquier pieza que necesites, me ves y la sacamos del almacén.

   El jeep dejó atrás las primeras casas a la entrada de Santa Clara y no demoró en tomar por la avenida con que la ciudad recibía a la carretera, y después de avanzar varias cuadras, tuvo que detenerse ante un paso a nivel cerca de la estación de ferrocarril, pues un largo tren de carga obstruía la vía.

    ─Hay apagón en el centro.

    ─¿Qué vas a hacer? ─preguntó Federico, pero como en ese momento levantaban la barrera, Camilo sin contestar puso nuevamente el jeep en marcha.

   Era cerca de las ocho y treinta, y como otras tantas veces que él regresaba tarde del trabajo, Camilo supo a Rita sola en la casa con los dos niños.

    ─Nosotros no tenemos a nadie más en este mundo ─se lamentaba con frecuencia su mujer, pero alegre y optimista como era, aún aquella queja le servía para jaranear con picardía─.  Por eso vamos a tener muchos hijos, ¿verdad Cami?

    ─Al menos vamos a intentarlo.

    ─¿Muchas veces?

    ─Sí.

    ─Entonces hoy vamos a dormir temprano a los niños.

   Al concluir la lectura, Tomasito dejó el libro sobre la mesa y se dirigió a la compañera que hacía el acta de la reunión para indicarle que a partir de ese momento no tomara nota de lo que se hablara. Entonces cambió la vista hacia Camilo.

   "¿Problemas morales?" ─se preguntaba Camilo una vez más, pero dueño ya de su pensamiento, antes de que Tomasito hablara, se atrincheró─. "¿Qué coño se traerá esta gente?"

   A Rita sólo la recuerda verdaderamente brava cuando lo encontró con la muchacha del centro telefónico. Rita estaba embarazada de Alberto Raúl, y aunque su vínculo con Gladys fue puramente sexual, no se lo quería perdonar y le habló de  divorcio. Todo comenzó porque casualmente le vio un paquete de preservativos en el portafolio del trabajo y, aunque no hizo ningún comentario al respecto, se puso sobreaviso. Desde ese día, sin que Camilo lo sospechara, le registraba minuciosamente la ropa en busca de indicios acusatorios y confirmaba las razones de todas sus salidas o llegadas tardes la casa. La aseveración del adulterio la tuvo el día que Camilo le anunció que esa noche tendría una reunión. Rita le pidió a Rigoberto que de manera oculta viniera a cuidarle al niño, y cuando su marido salió, ella lo siguió en el auto del padre. Vio como recogía a la muchacha en una de las calles de La Vigía, y continuó detrás del jeep cuando tomaron por la Carretera Central. Al cruzar la Circunvalación, Rita supo hacia donde se dirigían. Los vio entrar en la posada y detuvo la máquina en el borde de la carretera para que tuvieran tiempo de tomar la habitación, entonces entró ella y no tuvo dificultad para localizar el jeep. Sin hacer caso del empleado que la llamaba, fue hasta la puerta del cuarto y tocó con discreción. Camilo Alberto, creyendo que le traían la bebida que había encargado, abrió ligeramente la puerta; Rita se aprovechó de ello y empujándola con fuerza, entró abruptamente.

   ─¡Chulo de mierda, si no quieres que arme un escándalo, ponte la camisa y vamos!

  Camilo descartó el incidente, pues independientemente que había ocurrido hacia dos años, como hombre que era, el hecho de que se acostara con una mujer que no fuera su esposa, no constituía problema alguno para la moral comunista.

   ─Si crees que no me necesitas, déjame en la próxima esquina ─le pidió Federico después de pasar el semáforo de la calle Maceo.

   Camilo no contestó, pero al llegar al lugar indicado, continuó la marcha sin detener el jeep, pues pensó que si el Núcleo lo había mandado, debía estar con él hasta el final.

   ─Lo que se te va a plantear, no es nada confirmado. Sólo comentarios que existen, opiniones ─aclaró Tomasito─, pero para la moral de un comunista, el prestigio puede ser mucho más importante que los hechos mismos. Tú lo sabes bien ─puntualizó con un tono de voz más firme y convincente─, porque has sido ideológico de nuestro núcleo.

   ─Tomasito ─interrumpió Camilo Alberto─,  no des más rodeos y acaba de decir de qué se trata.

   Esa mañana, Rita se iba a quedar en casa para preparar un informe que debía entregar a su jefe, y fue Camilo quien llevó a los niños al Círculo Infantil. Como Pérez estaba de vacaciones, él mismo estaba manejando el jeep.

   ─Regresa a desayunar ─le había pedido Rita cuando besaba a los hijos en la puerta antes de que marcharan.

   ─Esta bien ─le respondió este y por su parte le depositó un beso en los labios.

  A su regreso tuvo la sorpresa de encontrar servida, no la mesita de la cocina, sino la mesa de cristal del comedor. Uno de los manteles nuevos, la vajilla de aro dorado: teteras, tazas con sus platillos, vasos finos, cubiertos, la cesta del pan tapada con una servilleta...

   ─Hoy nos vamos a desayunar como personas de bien.

  ─Rita ─protestó Camilo─, que yo no puedo perder tiempo.

   Camilo detuvo el jeep frente a la casa y se bajó. Antes de dirigirse a su vivienda, se volvió a Federico y le dijo:

    ─Regreso enseguida.

    ─¿Qué vas a hacer?

  Aquella interrupción de Camilo había emplazado a Tomasito. El ambiente se tornó insostenible y el Secretario General del Núcleo del Partido Comunista de Cuba del Puesto de Mando de la Ganadería en la Regional Sagua supo que no podía dilatar más el asunto.

   ─¿Qué tú crees si la mato? ─le preguntó a su vez Camilo con toda la ironía de que fue capaz.

    ─Tu mujer te es infiel.